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Tentaciones gastronómicas en Navidad bajo control

Se aproximan las fiestas navideñas, la época del año en que más tentaciones gastronómicas tenemos a nuestro alcance. Son fechas en que se celebran comidas especiales, que no tienen por qué ajustarse a la dieta mediterránea y que suelen ser abundantes. Se trata de días excepcionales, en que se sobreentiende la idea de que todo vale. Comidas y cenas espléndidas, acompañadas de muchos productos dulces y regadas con vino, cavas y licores.

Lo cierto es que son días de reunión familiar, en los que nos podemos permitir algún capricho. Ahora bien, como personas con diabetes, debemos mantener siempre el foco sobre el control de nuestra glucosa. La diabetes no se va de vacaciones en Navidad, ni tampoco en ningún otro momento del año.

Para encarar con la mejor preparación mental estas fiestas tan marcadas por las propuestas culinarias algo excesivas en calorías, es bueno entender los detonantes que hacen que comamos de más.

Detonantes de las comilonas

Un primer detonante es la conexión emocional y social que establecemos con otras personas a través de las comidas en grupo. Sin darnos cuenta, tratamos de conectar con los otros y de obtener una sensación de seguridad. Se han hecho investigaciones sobre estas dinámicas, y se ha concluido que si estamos en un restaurante con alguien que pide o consume grandes porciones, nosotros tendemos a emular esa pauta. Los banquetes navideños en particular consisten en comer por razones tradicionales y culturales para conectar con aquéllos que más queremos.

Para lidiar con esta realidad, la estrategia en la mesa debe ser desviar el foco desde los alimentos hacia la interacción social. Si charlamos más, ingeriremos menos. Podemos tomar fotos de la reunión o divertir a los comensales más pequeños. La comida es una excusa y, al final, de lo que se trata es de estar con aquellas personas que más apreciamos.

Otro desencadenante de las comidas opíparas es la búsqueda de confort. Estamos decepcionados por algo y, en lugar de confrontar nuestros sentimientos, decidimos lidiar con esa sensación de frustración, miedo o pérdida a través de la comida.

En este caso, debemos buscar hombros en los que apoyarnos, en la familia, en el grupo de amigos o en nuestra asociación de pacientes. Navidad es una época propicia, porque estamos más cerca de nuestros familiares y amigos. Para encontrarnos mejor, es muy recomendable la actividad física, desde paseos hasta clases de baile. Y, en nuestro hogar, ¿por qué no relajarnos con baños de espuma?

¿Preparados?

Una vez tenemos la mentalidad adecuada para comenzar el calendario de comidas navideñas, es importante que tengamos una cosa clara: no porque tengamos diabetes tenemos por qué perdernos toda la excitación y el toque gurmet que nos ofrecen las viandas de estas fechas.

La idea principal es que debemos seguir con el rigor de todo el año, pero con algo más de flexibilidad.

Si los cocineros somos nosotros, tenemos que trazarnos un plan. Un buen punto de partida es comprar productos deliciosos que no hagan descarrilar la gestión de nuestra glucosa. Si en alguna comida o cena vamos a consumir un poco de alcohol, es básico que lo tengamos en cuenta a la hora de controlar la glucemia.

Es una buena idea transmitir de forma anticipada a los invitados que vamos a preparar una propuesta gastronómica excelente, pero sin platos demasiado calóricos. Comer de forma saludable no tiene por qué estar reñido con comer de forma festiva.

Si los invitados somos nosotros, debemos tener un fuerte sentido de autodisciplina. Un momento clave es el previo a la llegada del primer plato. Los aperitivos que hay en la mesa ayudan a pasar ese rato de espera, pero hay que controlar nuestros impulsos. Como hemos apuntado unas líneas atrás, es bueno interactuar, bromear, conversar… Porque lo de reunirnos alrededor de una mesa bien repleta de comida no deja de ser una excusa para estar con nuestra gente, para conectar con ellos.

Si hay tapas o comida para compartir, es bueno elegir aquellas propuestas más saludables, siempre teniendo en cuenta el control de las porciones. Asimismo, también debemos comer poco a poco, disfrutando de la comida, sin prisas.

Un truco interesante es beber un vaso de agua antes de comenzar a comer, lo que puede ayudar a reducir la cantidad de comida a consumir. El agua nos va a hacer sentir más llenos, y va a contribuir a reducir la sensación de apetito.

La ingesta de verduras sin almidón es otra excelente táctica para obtener carbohidratos saludables y generar al mismo tiempo una sensación de saciedad. Otra brillante idea es presentarse en casa de nuestro anfitrión con un plato saludable que guste a todo el mundo y que contribuya al equilibrio de nuestra ingesta de esa comida o cena.

En definitiva, las personas con diabetes pueden disfrutar de los platos y postres navideños como todo el mundo, con flexibilidad pero también con mentalidad de comer de forma saludable como hacemos durante el resto del año.

Preparación, conservación y eliminación de las plumas de insulina

Las causas de mal control metabólico en el paciente con diabetes suelen ser multifactoriales. Una elección incorrecta de la zona de inyección de la insulina modifica la velocidad de absorción, y la falta de rotación provoca lipodistrofia, que dificulta la correcta acción de la insulina.

Estos errores pueden dar lugar a que el paciente reciba más o menos cantidad de insulina de la necesaria, provocando la disminución o el aumento de los niveles de glucemia, con el consiguiente riesgo de sufrir una hipoglucemia o hiperglucemia. Por todo ello, vamos a hacer un recorrido por la preparación, conservación y eliminación de las plumas de insulina.

Preparación para la inyección

  • Mantener la pluma a temperatura ambiente. Si la pluma es nueva y está conservada en frío, debe sacarse 1 o 2 horas antes del frigorífico para dejar que se atempere, ya que la inyección de insulina fría es más dolorosa. Y, en el caso de insulinas turbias, para facilitar la suspensión.
  • Elegir la zona de inyección más adecuada, siguiendo las recomendaciones del profesional sanitario.
  • Mantener los músculos de la zona de inyección relajados.
  • Limpiar bien el lugar de inyección dentro de la zona y lavarse las manos.
  • Esperar a que seque, si se ha aplicado antiséptico.

Y en cuanto a las zonas de inyección y su rotación, es importante tener en cuenta que la velocidad de absorción varía según la zona de inyección. Las zonas de mayor a menor rapidez de absorción son:

  • El abdomen, evitando la zona de la cintura y la parte más
    cercana al ombligo.
  • La cara externa de los brazos.
  • La parte superior de las nalgas.
  • La zona anterior y lateral de los muslos

Además, la zona de inyección va a depender del tipo de insulina que estemos utilizando:

  • Insulinas rápidas: en el abdomen.
  • Insulina NPH o isofánica: en las piernas o las nalgas.
  • Premezcladas: por la mañana, en el abdomen, para aumentar
    la parte de absorción de la insulina rápida de antes
    del desayuno; y el resto del día, en las piernas y las nalgas,
    para retrasar su absorción y evitar las hipoglucemias nocturnas.
  • Análogos lentos: la zona es indiferente.

Rotar la zona de inyección, es decir, alternar la zona de administración de la insulina, es muy importante para evitar la lipodistrofia (partes de tejido graso inflamado por la inyección repetida de insulina en una misma zona). Es aconsejable utilizar un cuadrante por semana, pinchar la misma zona en cada comida y espaciar la inyección dentro de los cuadrantes en más de 1 centímetro respecto al día anterior.

Conservación

  • Mantener la pluma de insulina en uso a temperatura ambiente, idealmente entre 15 oC y 30 oC, alejada de fuentes directas de luz y calor, y durante un tiempo máximo de 28 días.
  • Poner el capuchón en la pluma después de cada uso, para así proteger la insulina de la luz.
  • Tirar la pluma que se esté usando, aunque quede insulina dentro, transcurrido los 28 días.
  • Guardar las plumas sin utilizar refrigeradas en la nevera, a una temperatura de entre 2 oC y 8 oC.
  • Las plumas sin usar pueden ser utilizadas hasta la fecha de caducidad impresa en la etiqueta, si la pluma se ha con servado en la nevera.
  • Evitar cambios bruscos de temperatura. Evitar la congelación, ya que a 0 oC la insulina se inactiva y, a más de 30 oC, pierde eficacia. En caso de congelación, desechar la pluma.
  • Transportar la insulina en bolsa isotérmica refrigerada o nevera en viajes en coche, excursiones y playa. Y, como medida de precaución, llevar una pluma de repuesto.
  • Llevar la insulina en el bolso de mano y no en la maleta en la bodega, cuando se viaje en avión.
  • No lavar, poner a remojo ni lubricar la pluma. Si es necesario, limpiar con un paño humedecido con agua.

Eliminación

  • Eliminar las agujas en un contenedor personal de residuos biológicos (junto a lancetas y tiras reactivas de glucosa) y, una vez lleno, llevar al punto de recogida indicado por su profesional sanitario. No tirar a la basura.
  • Depositar la pluma vacía, sin la aguja, en el punto SIGRE de la farmacia.

Finalmente, no dude en acudir a su farmacéutico de confianza si tiene cualquier duda en cuanto a la utilización de los distintos tipos de bolígrafos utilizados para la inyección de la insulina, ya que un uso correcto será sinónimo de un mejor control de la diabetes.

Glucosa alta tras la actividad física

En ocasiones puede ser muy complicado predecir cómo los niveles de glucosa van a reaccionar tras la realización de ejercicio físico. El vaticinio puede ser tan acertado o desacertado como el que hagamos en relación a la meteorología o a los mercados financieros. Y es que son muchas las variables que hay que tener en cuenta para anticipar con precisión la evolución de la glucosa.

Factores que hacen caer el nivel de glucosa…

Cualquier actividad física, sea dar un paseo o hacer un poco de jardinería, quema glucosa y hace que las células musculares sean más sensibles a la insulina. Estos factores contribuyen a una caída de la glucosa en sangre.

…y factores que disparan la glucemia

Pero otros factores pueden hacer que los niveles de glucemia suban durante la realización de ejercicio. Por ejemplo, la adrenalina. Las actividades que requieren movimientos de alta intensidad, alta competitividad y estrés o ansiedad, pueden elevar la producción de adrenalina. Este fenómeno tiene lugar cuando una persona corre, levanta pesos o juega un partido.

Por otro lado, la comida también puede elevar el nivel de glucosa durante el ejercicio físico. ¿Por qué ocurre? Pues por los carbohidratos que se han consumido para prevenir un bajón, o bien por una comida previa que está aún digiriéndose.

Otro factor a tener en cuenta es la falta de insulina. Si reducimos las dosis de insulina en exceso antes de hacer ejercicio o desconectamos la bomba de insulina durante demasiado tiempo, podemos estar disparando los valores glucémicos.

Incluso el momento del día influye. La actividad física realizada por la mañana, temprano, cuando se están produciendo las hormonas del fenómeno alba (la glucosa sanguínea sube cuando nuestro organismo se prepara para despertarse, entre las tres de la madrugada y las ocho de la mañana), puede resultar en un descenso muy pequeño de la glucosa. O, incluso, puede haber un ascenso de la glucosa.

No hace falta alarmarse

Una subida de azúcar temporal durante la realización de ejercicio no debe ser alarmante, siempre y cuando el ascenso no sea muy significativo. Para mejorar el control de todas las variables involucradas durante el rato en que hacemos deporte, es bueno que llevemos registros de todo lo que hemos hecho (horarios, insulina, alimentación, tipo de actividad) en cada sesión de ejercicio físico, todo ello vinculado a los valores glucémicos registrados.