Metformina y diabetes

La metformina es un fármaco que regula la insulina en las personas con diabetes, y que resulta muy útil para la gestión de esta patología crónica, siempre y cuando ya se sigan unos hábitos de alimentación saludables y el paciente se haya adherido al tratamiento.

Suministrando la dosis adecuada de metformina, se favorece la utilización de la insulina por parte de los tejidos, tanto en nuevos pacientes como en aquellos que conviven desde hace años con la patología, y se evita la liberación de glucosa a través del hígado, que provoca que aumenten los niveles de la misma en todo el organismo.

Además, es un fármaco muy utilizado incluso antes de que se produzca el debut, tal y como asegura la doctora Leticia Hernández, presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetología: “Según un estudio de prevención de diabetes, la metformina reduce en un 31% la probabilidad de desarrollar diabetes en los 10 años posteriores a su administración, en personas con prediabetes”.

No obstante, y aunque sus beneficios son innumerables, también existen algunos efectos secundarios que se pueden dar en caso de que la administración de la metformina no se haga en las dosis necesarias para cada paciente. Por ejemplo, en pacientes con diabetes y complicaciones renales, la dosis deberá ser inferior, ya que, de lo contrario, se puede sufrir una acidosis láctica. Por tanto, se debe acudir al médico para que indique cómo administrarla, y para que realice revisiones periódicas.

Sea como sea, la metformina es un fármaco que, por su control óptimo del funcionamiento de la insulina, forma parte de muchos de los medicamentos que se utilizan actualmente para el tratamiento de la diabetes.