Heridas y diabetes

La diabetes es una patología que, si no se lleva un buen control sobre ella, puede provocar algunas complicaciones. Los problemas cardiovasculares, la insuficiencia renal o la ceguera son algunos de los problemas derivados que más se conocen y sobre los que más se advierte a los pacientes. Sin embargo, hay otros factores a tener en cuenta, como lo son las heridas.

Una herida, por pequeña que sea, en una persona con diabetes, puede ser más peligrosa de lo que en un principio aparente. La diabetes provoca daños en los vasos sanguíneos y en los nervios, incrementando así el tiempo que tarda una herida en curarse, y además, aumentando la probabilidad de contraer infecciones. Esto, a su vez, puede acabar, en el peor de los casos, en amputaciones.

Por eso, y aunque es algo que debería hacer todo el mundo, sea paciente con diabetes o no, hay que mantener la máxima higiene posible cuando sufrimos algún rasguño, raja o lesión. Lavarse bien las manos antes de curar la herida es muy importante para evitar que se infecte.

Después, para curar la herida, es muy importante utilizar productos antisépticos, ya que son los que mejor actúan sobre la piel, y los que no producen escozor. Lavar la herida con un jabón antiséptico, secar la zona con gasas (nunca con papel higiénico, puesto que desprenden hebras) y aplicar clorhexidina o cualquier antiséptico suave y sin pigmentación, hará que nuestra herida empiece a curarse correctamente.

No obstante, aunque estos son los cuidados que debemos llevar a cabo en casa en el momento en que se produce la herida, es crucial acudir lo más pronto posible al médico, para que revise más detalladamente la lesión e indique cómo proceder.