Diabetes e insulina

insulina y diabetes

La insulina es una hormona natural que se produce en el páncreas por parte de las células beta de los islotes de Langerhans. La insulina sirve para que la glucosa que entra a la sangre, a través de la alimentación, sea trasportada a las células y empleada para la producción de energía.

Las personas con diabetes cuentan con niveles elevados de glucosa en sangre debido a sus problemas con la producción de insulina. En el caso de las personas que tienen diabetes tipo 1, su páncreas no produce nada de insulina debido a una reacción del sistema inmunológico contra las células encargadas de su producción.

Por su parte, las personas con diabetes tipo 2 producen insulina de forma insuficiente, o la que genera su organismo no funciona de manera correcta. Esto se debe a una serie de factores genéticos y metabólicos, en combinación con una serie de factores de riesgo, relacionados en su mayor parte con hábitos de vida sobre alimentación y / o actividad física.

En el caso de la diabetes gestacional, las mujeres embarazadas presentan  unos niveles de glucosa en la sangre superiores a los normales, debido a que su páncreas no puede producir la suficiente cantidad de insulina necesaria durante el embarazo. Esto se debe a que las hormonas de la placenta, encargada de alimentar al bebé, ejercen un bloqueo sobre la acción de la insulina en la mujer embarazada, lo que se conoce como resistencia a la insulina.

Función de la insulina

La insulina es producida por las células del páncreas y su función es transportar la glucosa que entra en el organismo a las células para ser convertida en energía mediante el proceso de glucólisis. Además, se almacena en el hígado y en los músculos en forma de glucógeno. Estas reservas de insulina en el hígado serán empleadas por el organismo en caso de necesidad para mantener estables los niveles de glucosa en sangre.

En las personas con diabetes, el organismo descompone los hidratos de carbono de los alimentos y bebidas que ingieren y los convierte en glucosa. El problema es que, cuando esta llega al torrente sanguíneo, no hay insulina o hay insuficiente insulina para trasladarla a las células y convertirla en energía. Como consecuencia de esto, la glucosa se acumula en la sangre.

Las personas con diabetes tipo 1, al no producir insulina, deberán inyectarse esta a diario, varias veces, para mantener unos niveles estables de azúcar en sangre y evitar las hiperglucemias (subidas de glucosa). Asimismo, en determinados casos y según las circunstancias de cada paciente, también podrá indicarse la inyección de insulina en pacientes con diabetes tipo 2 y en mujeres embarazadas diagnosticadas con diabetes gestacional, cuando la modificación del estilo de vida en cuanto a alimentación y ejercicio físico no funcione o no resulten efectivos los medicamentos antidiabéticos orales.

Cómo actúa la insulina

La insulina permite mantener estables los niveles de glucosa en el torrente sanguíneo. De ahí que de alguna forma la relación entre insulina y glucosa sea inversa, es decir, a mayor producción de insulina, menores niveles de glucosa en sangre. Por su parte, unos niveles elevados de glucosa en sangre son debidos a una insuficiente o escasez de insulina en el organismo. En este sentido, la insulina inyectada es un tratamiento antidiabético efectivo que permite mantener los niveles de glucemia y de hemoglobina glicosilada (HbA1c).

La insulina que se inyecta es en forma de insulina humana o en forma de análogos de insulina. La insulina humana reproduce la estructura de la insulina humana. Por su parte, los análogos de insulina modifican su farmacocinética mediante la alteración de la secuencia de aminoácidos. En cuanto a la vía de administración, la insulina inyectable se puede administrar mediante jeringa, pluma o bomba, ya que por vía oral el organismo la destruiría.

Tipos de insulina

A la hora de administrar insulina es importante tener en cuenta tres aspectos:

El tiempo de inicio

este es el tiempo que pasa desde que inyectamos la insulina hasta que llega a la sangre y comienza a bajar la glucosa.

El punto de acción máxima

es cuando la insulina alcanza su máxima acción con respecto a la bajada de glucosa en sangre.

La duración

tiempo durante el cual la insulina continúa su acción para reducir los niveles de glucosa.

Existen varios tipos de insulina en función de la velocidad de absorción. El médico especialista indicará la más adecuada a las necesidades de cada paciente y a su estilo de vida. Entre los tipos de insulina se distinguen:

  • Insulina de acción rápida: este tipo de insulina comienza a ejercer su efecto reductor de la glucosa 15 minutos después de su administración y su punto de acción máxima sucede entre 2 y 3 horas después de la inyección. La duración de su efecto es de entre 3 y 6 horas. Por ello, la insulina rápida se inyecta antes de las comidas y suele aplicarse entre 4 y 6 veces al día. El especialista y el paciente deberán ajustar la dosis para evitar picos de insulina, ya que si la insulina se administra en exceso baja el azúcar.
  • Insulina de acción corta o regular: la insulina de acción corta o regular llega a la sangre y empieza su acción de bajar la glucosa 30 minutos después de inyectarla. Su punto de acción máxima tiene lugar entre 2 y 3 horas después de la inyección. Por su parte la duración de su acción se prolonga desde 12 a 18 horas. Se administra antes de las comidas y puede ser beneficiosa en determinadas personas que no necesiten un efecto tan rápido.
  • Insulina de acción intermedia: su tiempo de inicio sucede entre 1 y 4 horas después de inyectarla, mientras que su punto de acción máxima puede llegar incluso a las 7 horas tras la inyección. Por último, la duración de su acción es de entre 12 a 18 horas.  Suele inyectarse combinada con la insulina de acción corta.
  • Insulina de larga duración o acción prolongada: este tipo de insulina suele llegar a la sangre varias horas después de la inyección y tiene un tiempo de duración de 24 horas, durante el cual mantiene unos niveles bajos de glucosa. La insulina de larga duración suele inyectarse por la mañana o antes de acostarse debido a su acción prolongada.
como inyectar la insulina

Cómo inyectar la insulina

La forma más común de inyectar insulina es a través de jeringa o pluma. También es posible administrarla con la bomba de insulina que proporciona insulina durante 24 horas a través de un catéter bajo la piel del paciente.

Uno de los aspectos a tener en cuenta a la hora de inyectar insulina es la zona en la que se va a realizar, pudiéndose ser en brazos, muslos, abdomen o glúteos, procurando alternarlas para evitar lesiones locales. En primer lugar debe estar libre de bultos, hematomas, heridas o fisuras y limpia con agua y jabón.

Los pasos a seguir para inyectar la insulina son los siguientes:

  1. Pellizcar de forma suave la piel con los dedos pulgar e índice con el fin de levantar un pliegue sobre el que se inyectará la jeringa o la pluma. De esta forma, se evitará que la insulina entre al músculo.
  2. Se insertará la aguja entera en ángulo recto. Lo aconsejable es utilizar agujas de 4, 5 o 6 mm de longitud y cambiarlas con cada inyección pues son de un solo uso. Las de 8 mm están desaconsejadas y en caso de utilizarse debe hacerse en un ángulo de 45º.
  3. Una vez que hemos introducido la aguja, se apretará el émbolo de la jeringa para inyectar la insulina.
  4. A continuación se suelta el pliegue levantado.
  5. Por último, se contará hasta 10 antes de retirar la aguja de la piel.

El tratamiento convencional consiste en inyectar insulina a diario, hasta tres o cuatro veces al día, combinando la insulina de acción rápida con lenta. De esta forma se conseguirá un adecuado control de los niveles de glucosa en sangre y se reducirán las posibles complicaciones.

Otra opción de tratamiento son las múltiples inyecciones de insulina (MDI), que se basan en tres o más inyecciones de insulina al día de acción rápida y una o dos inyecciones  de insulina al día de acción lenta.

Resistencia a la insulina

La resistencia a la insulina supone la disminución en la capacidad de esta hormona de ejercer sus funciones en el hígado, el tejido graso y los músculos. Esta sucede porque el organismo bloquea por alguna razón la acción de la insulina para trasladar la glucosa a las células y convertirla en energía.

En una primera fase, la resistencia a la insulina se suele combatir con un aumento en la secreción de esta hormona por parte del páncreas, lo que puede ocasionar a su vez un sobreesfuerzo del mismo y que este órgano deje de producir esta hormona.

La resistencia a la insulina suele ser un hecho característico de las personas con diabetes tipo 2, estando presente durante varios años antes de su diagnóstico y puede ser indicador de su inicio. También es causa frecuente de la diabetes gestacional en el caso de las mujeres embarazadas.

Se asocia a una serie de factores de riesgo como la obesidad, el aumento de los triglicéridos y el colesterol o disfunción endotelial, entre otros. Además, existen otros factores asociados como la edad, hábitos alimenticios insanos o baja actividad física.

Insulina y dieta

La dieta y la insulina guardan una relación directa en las personas con diabetes, pues la alimentación que sigan influirá en el mantenimiento de los niveles adecuados de glucosa en sangre y, por tanto, en las necesidades insulínicas. Por ello, los pacientes diabéticos deben procurar seguir una alimentación saludable, equilibrada, sin evitar ningún nutriente y tomando los alimentos en las cantidades adecuadas para asegurar un buen control de su patología. La alimentación y los hábitos alimenticios de las personas con diabetes serán tenidos en cuenta a la hora de ajustar las dosis de insulina.

Los pacientes con diabetes deben saber que retrasar o saltarse una comida, reducir el consumo de hidratos de carbono o sobreestimar el contenido de los mismos en la dieta, comer mucha grasa o tomar alcohol, son factores que pueden conducir a bajadas en los niveles de glucosa o hipoglucemia. Asimismo, una dosis de insulina basal inadecuada y administrar una cantidad excesiva de la misma también pueden bajar los niveles de azúcar en sangre. En estos casos, si se trata de una bajada leve el paciente puede controlarla tomando comidas o bebidas ricas en carbohidratos. Si es grave, necesitará asistencia hospitalaria o la ayuda de otra persona para que le administre glucagón.

Por todo ello, es importante que la alimentación de las personas con diabetes incluya todos los nutrientes. Así, deben conocer las funciones que estos ejercen en el organismo, como es el caso de los hidratos de carbono. Estos nutrientes se transforman en glucosa por lo que controlar su ingesta contribuirá a controlar los niveles de glucemia. Por su parte, las grasas saturadas pueden favorecer una hiperglucemia postprandial, según algunos estudios.

Los pacientes con diabetes deben saber que no existe ningún alimento prohibido pero que hay algunos que son más recomendables que otros, por lo que no es necesario recurrir a aquellos etiquetados como ‘aptos para diabéticos’ o ‘adecuados para diabéticos’. Deberán, asimismo, como todas las personas, evitar el consumo de alimentos o bebidas ricos en azúcares añadidos y optar por tomar agua, té o café, todo sin azúcar.

Insulina y deporte

La práctica de ejercicio físico es recomendable y necesaria para las personas con diabetes en combinación con una alimentación saludable. De esta forma, se contribuye a mantener estables los niveles de glucosa en sangre.

El ejercicio físico aumenta la sensibilidad del organismo a la insulina lo que significa que esta ejerce una mayor acción. Además, a la hora de establecer una rutina de actividad física, las personas con diabetes deberán saber que el ejercicio físico hace bajar los niveles de glucosa en sangre, al ser empleada por los músculos a un ritmo mayor que cuando tienen una actividad pausada. En primer lugar, los músculos recurrirán a la glucosa almacenada en el propio tejido muscular, en forma de glucógeno, y después utilizarán las reservas de glucosa del hígado.

Por lo tanto, la actividad física que se realice, así como cualquier otra actividad relacionada con su profesión o el hogar, debe ser tenida en cuenta a la hora de ajustar las dosis de insulina necesarias al día. Por ello, deberá valorarse su respuesta ante el esfuerzo físico pues puede variar en función de los niveles de glucosa antes de su práctica, la intensidad, el tiempo durante el que se realiza o las dosis de insulina. Esto es importante para evitar que los niveles de glucosa desciendan tanto durante el ejercicio que deriven en una hipoglucemia. Algunos consejos pueden ser reducir las dosis de insulina, aumentar la toma de carbohidratos antes de la práctica o llevar durante la misma algún alimento o bebida con hidratos de carbono.

insulina y ejercicio

Los deportes muy intensos también pueden provocar una subida de los niveles de glucosa ya que se liberan hormonas del estrés que a su vez incrementan la glucemia. Por ello, si se tienen niveles muy altos es importante evitar las actividades intensas.

En cualquier caso, lo más conveniente es consultar con el médico la conveniencia o no de practicar determinados ejercicios y con qué frecuencia, para poder establecer la rutina más adecuada a las necesidades de cada individuo.

bomba de insulina

Bomba de insulina

El control de los niveles de glucosa en pacientes con diabetes tipo 1 se realiza mediante las inyecciones de insulina, aunque hay a los que les puede resultar difícil mantenerlos controlados por lo que recurren a las bombas de insulina. La bomba de insulina puede resultar útil también en aquellas personas que tengan miedo a las agujas o las hipoglucemias de noche, necesidad de una mayor flexibilidad en las actividades de la vida cotidiana, con niveles de HbA1c fuera de los umbrales deseados, con poca sensibilidad a los episodios de hipoglucemia o con preocupación por la aparición de complicaciones a largo plazo.

Una bomba de insulina es un dispositivo pequeño, con un tamaño similar al de un teléfono móvil,  que se puede llevar en el cinturón o bolsillo de forma fácil y cómoda. Este dispositivo incorpora un catéter que se coloca bajo la piel del paciente para infusionar insulina por vía subcutánea. Este equipo de infusión debe cambiarse cada dos o tres días.

La bomba de insulina imita la función del páncreas en cuanto al suministro de insulina basal al organismo ya que aporta pequeñas cantidades de insulina de acción rápida durante las 24 horas del día. Entre sus beneficios se encuentran:

  • Dosificación más sencilla: la bomba de insulina contribuye a una dosificación más precisa ya que tiene en cuenta la insulina presente en el organismo, los niveles actuales de glucosa en sangre, la ingesta de hidratos de carbono y los ajustes de insulina personales para determinar la dosis correcta. Esto permite lograr un equilibrio entre la dieta y la insulina necesaria.
  • Menos inyecciones: la bomba de insulina suministra esta hormona en cantidades precisas durante todo el día y la noche.
  • Mayor flexibilidad: la bomba de insulina se puede ajustar de forma instantánea para poder realizar ejercicio físico o durante una enfermedad, lo que permite aumentar o disminuir la tasa de insulina basal en función de las necesidades y requisitos personales en cada momento.
  • Más comodidad: la bomba de insulina ofrece además la comodidad que supone un medidor  de glucosa en sangre con conexión inalámbrica. Este envía los valores de glucosa a la bomba, que almacena los datos en un diario digital y los utiliza para permitir una dosificación más exacta.

Insulina y glucagón

El glucagón es una hormona que secreta el páncreas que, a diferencia de la insulina, contribuye a aumentar los niveles de glucosa en la sangre. El glucagón se ocupa de contrarregular la insulina cuando el organismo sufre una bajada de los niveles de azúcar en el torrente sanguíneo. El glucagón y la insulina son, por tanto, dos hormonas que se ocupan, de forma coordinada, de mantener estables los niveles de glucosa, para asegurar que las células reciben la suficiente cantidad de azúcar para producir la energía necesaria para el organismo.

Para ello, el glucagón actúa sobre sobre las reservas de glucosa del hígado, en forma de glucógeno, y promueve su degradación. Además, activa la gluconeogénesis, el proceso por el que se genera glucosa a partir de otras materias primas.

En el caso de los pacientes con diabetes tipo 2, o en la diabetes gestacional, el problema es la insuficiente insulina o el mal funcionamiento de la misma, por lo que el glucagón aumenta su actividad sobre el aumento de los niveles de glucosa. Por ello, en determinados casos, también serán necesarias las inyecciones de insulina.

Las personas con diabetes también pueden sufrir bajadas de azúcar o hipoglucemias como consecuencia de una administración inadecuada de insulina, por la práctica de ejercicio físico de forma imprevista o por no haber ingerido una cantidad suficiente de hidratos de carbono, entre otros factores. En caso de hipoglucemia grave en la que el paciente pierde el conocimiento será necesario que otra persona le administre una inyección de glucagón para restablecer la normalidad en los niveles de glucosa.

Las dos hormonas, el glucagón y la insulina, se regulan entre sí para lograr un equilibrio en su actividad, de tal forma que el glucagón activa la síntesis de la insulina, y la insulina inhibe la producción de glucagón. En las personas con diabetes esta coordinación del glucagón y la insulina se ve alterada. En el caso de los pacientes con diabetes tipo 1, debido a la incapacidad del páncreas para producir insulina, las células producen glucagón, con el consiguiente efecto de incremento de los niveles de glucosa en sangre. Esto es lo que hace imprescindibles las inyecciones de insulina en las personas con diabetes tipo 1.

En el caso de los pacientes con diabetes tipo 2, o en la diabetes gestacional, el problema es la insuficiente insulina o el mal funcionamiento de la misma, por lo que el glucagón aumenta su actividad sobre el aumento de los niveles de glucosa. Por ello, en determinados casos, también serán necesarias las inyecciones de insulina.

Las personas con diabetes también pueden sufrir bajadas de azúcar o hipoglucemias como consecuencia de una administración inadecuada de insulina, por la práctica de ejercicio físico de forma imprevista o por no haber ingerido una cantidad suficiente de hidratos de carbono, entre otros factores. En caso de hipoglucemia grave en la que el paciente pierde el conocimiento será necesario que otra persona le administre una inyección de glucagón para restablecer la normalidad en los niveles de glucosa.