Diabetes y ejercicio

diabetes y ejercicio

El sedentarismo es una de las causas del creciente aumento del número de personas con diabetes tipo 2. La falta de actividad física contribuye al desarrollo de resistencia a la insulina en el organismo. Practicar ejercicio físico de forma habitual, en cambio, sirve para prevenir la aparición de la diabetes tipo 2. No solo mejora la sensibilidad del organismo a la insulina, sino que el gasto calórico contribuye a evitar el sobrepeso, el otro factor de riesgo principal para el desarrollo de la patología.

Los beneficios preventivos del ejercicio contra la diabetes tipo 2 no se restringen a un grupo de riesgo en particular, sino que todas las personas disminuyen sus probabilidades de desarrollar la patología si mantienen un estilo de vida activo. Para ello la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar al menos 30 minutos de actividad física moderada al día. Este objetivo puede lograrse mediante la práctica regular de ejercicio, por ejemplo, correr o montar en bicicleta, pero también cambiando hábitos del día a día, como caminar rápido o subir escaleras en lugar de utilizar el ascensor.

Los beneficios del ejercicio relacionados con la quema de calorías son proporcionales al tiempo que se dedique a la actividad física. Es decir, cuanto más ejercicio aeróbico se realice, más beneficios tendrá, aunque la intensidad y la duración deben adaptarse siempre a las condiciones físicas y de salud de cada persona. El ejercicio aeróbico continuado, además, estimula las fibras musculares, que continúan consumiendo glucosa incluso hasta 24 horas después de haber finalizado la actividad física.

Incluir la práctica de ejercicio físico habitual requiere modificar los hábitos diarios, por lo que, para que el cambio tenga éxito y el nuevo estilo de vida sea permanente, se recomienda empezar por actividades placenteras y a una intensidad suave para ir subiendo la intensidad una vez establecida una rutina estable. Además, habrá que tener en cuenta, en el caso de personas con sobrepeso u obesidad, el impacto sobre las articulaciones que pueda tener la actividad física realizada, siendo preferible evitar correr y saltar hasta que el peso se haya reducido lo suficiente como para no dañar las rodillas y los tobillos.

Para calcular cuál es la intensidad adecuada para realizar el ejercicio, lo mejor es recurrir al uso de un pulsómetro para medir la frecuencia cardiaca. La intensidad moderada necesaria para lograr combatir con éxito la diabetes se alcanza alrededor del 70% de la frecuencia cardiaca máxima. Esta dependerá del sexo y la edad de la persona. Otra forma de controlar la intensidad de la actividad física, menos precisa pero que no requiere de ningún aparato especial, es comprobar si se es capaz de mantener una conversación mientras se realiza el ejercicio. Al aumentar la intensidad la respiración también se acelera. Una práctica a intensidad moderada hará que se empiece a perder la respiración, lo que permitiría hablar, pero con ciertas dificultades. Si la intensidad es aún mayor, el habla continuada ya no será posible, ya que se empieza a entrar en la zona de ejercicio anaeróbico.

Control y tratamiento de la diabetes con ejercicio

Las personas con diabetes necesitan adoptar medidas para mantener sus niveles de glucosa en sangre bajo control ya que su organismo es incapaz de hacerlo de forma adecuada. El ejercicio físico aumenta el consumo de glucosa por parte de las células musculares, por lo que su práctica contribuye a disminuir los niveles de glucemia, tanto durante la realización del mismo como en las horas siguientes.

Por este motivo, la práctica diaria de ejercicio es una gran herramienta de prevención para las situaciones de hiperglucemia en las personas con diabetes. La mayor parte de las personas con diabetes tipo 2 consigue manejar los niveles de azúcar en sangre mediante el control de la dieta y la práctica habitual de ejercicio.

No obstante, hay que tener en cuenta que si la intensidad del ejercicio es alta, los músculos pueden necesitar más glucosa de la que se encuentra disponible en el torrente sanguíneo, por lo que se activarán los mecanismos para sintetizar glucosa en el hígado, elevando temporalmente los niveles de azúcar en la sangre. Por lo general, esta hiperglucemia no requiere medidas adicionales para corregirla ya que los propios músculos consumirán este exceso durante la práctica deportiva y las horas posteriores.

En conclusión, con una dieta equilibrada y un ejercicio moderado habitual se puede facilitar el tratamiento y control de esta patología.

Consejos para la práctica de ejercicio para personas con diabetes

Cualquier tipo de ejercicio realizado a una intensidad moderada tendrá efectos beneficiosos para el control de la glucosa en la sangre. No hay un mejor ejercicio para la diabetes, pero sí que es aconsejable realizar actividades físicas aeróbicas, como correr, nadar, montar en bicicleta, o practicar deportes como fútbol, que son los que más glucosa consumen. También es bueno realizar ejercicios de fuerza para mejorar la resistencia muscular, como las pesas o las máquinas de gimnasio, aunque este tipo de actividad física más intensa puede conllevar el aumento transitorio de los niveles de glucosa en sangre.

Las personas con diabetes tipo 1 y aquellas con tipo 2 que requieran inyecciones de insulina, o la administración de medicamentos secretagogos, deberán tener en cuenta el efecto del ejercicio con antelación para ajustar la dosis de insulina tanto antes como después de la realización del mismo para evitar que se produzcan hipoglucemias. No hacer un ajuste adecuado puede tener consecuencias en los niveles de glucosa en sangre durante la práctica del ejercicio y hasta 24 horas después.

En caso de hacer ejercicio con exceso de insulina en sangre puede que los niveles de glucosa bajen demasiado y se produzca una hipoglucemia. Si no se tuvo esto en cuenta a la hora de programar la inyección de insulina, será necesario ingerir hidratos de carbono antes y durante la práctica del deporte, por ejemplo, mediante unas tabletas de glucosa.

Por el contrario, la práctica de ejercicio con insuficiente insulina en la sangre, por haber reducido demasiado la dosis anterior, puede dificultar que la glucosa pase al interior de las fibras musculares, produciéndose hiperglucemia durante y después de la realización de la actividad física. También es probable que el organismo intente recurrir a fuentes alternativas de energía, por lo que aumentarán los cuerpos cetónicos en la sangre y es posible que se experimenten algunos síntomas como náuseas, vómitos o dolor abdominal.

dolor abdominal al hacer ejercicio con diabetes

Si el ejercicio es de larga duración, como por ejemplo un partido de fútbol o una carrera de larga distancia, puede suceder que el organismo agote las reservas de glucógeno y recurra al metabolismo de las grasas. En este caso también se elevarán las cetonas, pero sin producirse hiperglucemia, y será solo de forma transitoria. No obstante, es recomendable que las personas con diabetes consuman glucosa u otros azúcares durante el ejercicio si este tiene una duración prolongada, para evitar hipoglucemias.

El efecto hipoglucemiante del ejercicio continúa tras la finalización del ejercicio, por lo que conviene ingerir una ración de carbohidratos para prevenir hipoglucemias durante las 24 horas posteriores. Tanto los músculos como el hígado necesitan reponer las reservas de azúcares consumidos durante el ejercicio, por lo que, aunque la glucemia pueda subir transitoriamente tras realizar una actividad física intensa, hay que vigilar los niveles de glucosa en sangre y ajustar las dosis de insulina de manera adecuada.

La práctica de cualquier deporte, aparte de servir para realizar ejercicio físico, también contribuye al bienestar anímico de las personas. Niños y adolescentes en particular pueden beneficiarse mucho de los aspectos más lúdicos de la práctica deportiva y lograr llevar un estilo de vida activo y saludable a la vez que desarrollan habilidades sociales y psicológicas. La diabetes no es motivo para evitar practicar ningún deporte, pero es conveniente que se aprenda a tomar las medidas adecuadas para mantener bajo control la glucemia durante la realización del mismo, así como instruir a las personas con las que se va a realizar de cómo actuar en caso de que se presente una emergencia médica, como una hipoglucemia severa. En cualquier caso, a la hora de decidir llevar a cabo una actividad física puntual o continuada, es clave trasladárselo al equipo médico, para que este, en coordinación con el paciente, ajuste el tratamiento pautado hasta ese momento.