El punto de partida

Tener miedo o tener recursos ante una bajada de azúcar es, hasta cierto punto, una elección. La diabetes es como las carreras de montaña: las zonas planas son simplemente transiciones que sirven para prepararse para, justo después, afrontar las bajadas escarpadas o las subidas verticales. Asumir que, por el hecho de tener diabetes, debemos lidiar con las hipoglucemias, es el punto de partida para saber prevenirlas y hacerles frente, siempre con un buen autocontrol, lo cual implicaría, no sólo tener siempre los niveles de glucemia dentro de un rango “normal’, sino saber cómo actuar en caso de que se salga de los límites, tanto por encima, como por debajo.

Hasta cierto punto, el miedo a la hipoglucemia podría estar justificado. Que el contador llegue a cero y quedarnos ‘vacíos’, perder la consciencia o caer en coma son casos extremos, pero posibles. Hay que saber prevenir, pero también tener claro que tener los niveles de azúcar bajos no implica consecuencias graves en la mayoría de los casos. Vivir con miedo a las hipoglucemias se vuelve en contra de nosotros y nuestro entorno. Del mismo modo que unos padres no pueden monitorizar a su hijo con diabetes las 24 horas del día, tampoco los adultos tenemos que estar obsesionados con evitar bajadas, ya que esto podría provocarnos el dejar de hacer nuestra vida normal.

Obviamente, hablo en términos generales, ya que hay casos complejos que deben abordarse de forma específica. En el mío en particular, lo que más me ha ayudado desde el principio ha sido aprender a identificar los síntomas de una hipoglucemia en diferentes situaciones. Y es que, muchas veces no se siente del mismo modo haciendo deporte, en ayunas, estando en un clima frío o bañándose en el mar.

Por otro lado, tratar de tener siempre recursos para corregir la bajada cuanto antes, es decir, llevar encima siempre algo para comer o dinero para comprarlo; dejar comida en sitios a los que acudamos con frecuencia, como el trabajo o el gimnasio; o no tener vergüenza en pedir ayuda a alguien para que nos  facilite comida o  sobres de azúcar. En estas situaciones resulta fundamental tratar de no perder los nervios, mantener la calma, estar conscientes y pensar con claridad para ayudar a solucionar situaciones complicadas.

Por último, hay que tratar de aprender siempre y mejorar poco a poco las técnicas y recursos que nos permiten tener un mejor  autocontrol. Se trata de cometer el menor número de veces posibles en el mismo error y utilizar todas aquellas estrategias que nos funcionen para seguir llevando nuestros límites cada vez más lejos.

Julio García Casado